Sébastien Vanícek

Tras su exitoso paso por el pasado Festival de Sitges, Premio especial del jurado 2023, Vermin: La plaga llega a las pantallas españolas el próximo 2 de febrero. La aclamada ópera primera de Sébastien Vanícek nos sitúa en un edificio de los suburbios franceses donde una plaga de mortíferas arañas está sembrando el pánico y donde un curioso elenco de personajes trata de escapar con vida del que antes era su hogar, convertido en una trampa mortal.

TerrorActo ha podido conversar con su director a raíz del estreno de su primera película.

D: Lo primero, felicidades por tu película. Creo que lo que has conseguido en tu film es todo un logro, además de todo el reconocimiento que estás recibiendo. Felicidades, sobre todo, por esa nominación a mejor opera prima en los premios Cesa (premios cinematográficos de la industria francesa), ya que es toda una rareza ver una película de género en estos premios.

Sébastien Vanícek: Muchas gracias.

D: ¿Cómo llegó a ti la idea para Vermin?

Sébastien Vanícek: Llegué a la idea de la película haciendo cortos, ya que en principio eso era lo que iba a ser: un corto muy intenso de gente atrapada en un edificio con arañas de unos 15 minutos. Pero entonces conocí a Harry Tordjman, el productor de la película, justo antes de empezar a rodar. Le hice un pitch para una película más larga y le gustó mucho la idea. Para visualizar la idea necesitábamos saber el fondo, qué queríamos contar con la historia. Lo expliqué de una forma muy simple: cuando entras a un cuarto de baño y ves una araña, tu principal impulso es el de matarla; no lo piensas, sencillamente actúas. Pensé que ocurría lo mismo en los suburbios de Francia, que cuando ves a alguna persona que pertenece a estas zonas en otra área, la gente actúa con miedo y recelo y solo quieren que vuelvas a tu sitio, volver a tu caja como ocurre con las arañas al principio del filme.

Creo que todas las películas de monstruos van sobre eso: gente que, ante el miedo, pone lo diferente en cajas para poder desentenderse y que el problema se quede lejos. El productor se reunió con Netflix donde nos ofrecieron hacer una película de exhibición en salas y nos pusimos a trabajar. En total, entre escritura del guion, producción, etc. tardamos un año en completarla

D: Me llama la atención que en tu película hay un equilibrio entre el retrato social de una Francia multicultural y el cine de terror. ¿Cómo logras que exista este balance?

Sébastien Vanícek: Mi idea inicial, por encima de todo, era hacer un película entretenida y divertida. Sabía que toda la película se iba a basar en la supervivencia, porque en el fondo es una survival movie. Esa era nuestra primera mitad a la hora de abarcar el proyecto; la segunda eran los personajes. Intentamos trabajar mucho en los personajes que aparecen en pantalla y que cada escena con ellos retratara algo de los suburbios. Gracias a los personajes puedes conocer la exposición que propone la película y entender, por ejemplo, qué dicen sus acciones sobre la política en Francia. 

Creo que la parte más divertida es cuando la gente comienza a salir del cine y empiezan a comentarla y hablar sobre los temas que trata. Las mejores películas de monstruos son aquellas que puedes ver constantemente y hablan sobre temas importantes que se esconden bajo la superficie. Pienso en Jurassic Park, una película divertidísima, pero que esconde un mensaje que nos habla sobre la humanidad.

D: En tu película elegiste un espacio muy  curioso: esa especie de edificio-colmena de arquitectura tan llamativa y peculiar, y que usaste también como una forma de describir a los personajes. ¿Cómo llegaste a la elección de ese escenario y usar todo el ambiente que lo rodea para definir a tus caracteres?

Sébastien Vanícek: La respuesta puede resultar un poco decepcionante, porque mi elección se basó en lo que conocía: he crecido en esa ciudad y en esa zona de los suburbios, así que conozco muy bien esos distritos. Una vez desarrollé la primera idea para filmar mi primer largometraje, supe que tenía que ser aquí, en el lugar donde nací, donde debía rodarla.

El edificio, además, cuenta mucho de la historia. Me gustaba la idea de hacer un paralelismo entre las ventanas del edificio y la habitación de Caleb, el protagonista: llena de vitrinas con animales exóticos como si fueran sus mascotas. También con el principio de la película, donde creo que hay un plano importante que lo relaciona con el edificio: esas arañas, encerradas en cajitas apiñadas, igual que un pequeño bloque de pisos. Cinco minutos después, presentamos el edificio: pasamos de la escala microscópica a la macro, sin desentendernos del marco humano.

D: Otro punto llamativo es el trabajo de los FX con las arañas de verdad, que es realmente espectacular. ¿Cómo se consiguieron esos resultados tan eficaces?

Sébastien Vanícek: Tuve la suerte de trabajar con un equipo que hizo un trabajo fantástico, rodando en orden cronológico. Empezamos grabando con arañas reales, con su tamaño normal. Aunque antes de comenzar el rodaje, quise asegurarme de que estábamos preparados para usar animales reales en el set y que no sufrirían ningún daño; cuando estuve seguro que se podía hacer decidimos empezar. Lo primero era entender el comportamiento de las arañas porque, obviamente, dirigir animales es difícil. Por ello, las dejábamos libres y las filmábamos allá donde fueran; una vez comprendimos su forma de actuar, fueron realmente útiles en el set de rodaje.

Aproximadamente un 50% de la película fue rodada con arañas reales, después nuestro equipo de FX se puso a trabajar en la otra mitad, ya que había mucha información que procesar, copiar sus movimientos mediante escáneres y filmar las reales en muros blancos, donde podíamos reescalarlas para que parecieran más grandes.

D: ¿Y qué tal experiencia de los actores y su trabajo con arañas reales? Tuvieron un trabajo muy duro físicamente.

Sébastien Vanícek: Esto que voy a decir es un absoluto cliché, pero es cierto que fue más fácil para los actores que para las actrices. Al principio del rodaje, Sofia Lesaffre y Lisa Nyarko estaban un poco asustadas, de hecho Sofia era algo aracnofóbica. Me decía que no entendía por qué le resultaban tan desagradables la arañas y yo le decía: ‘bueno, ese el tema principal de la película’. Todos entendieron muy bien el motivo de la película y trabajaron muy duro para logar lo que se ve en pantalla. Al final del rodaje, Sofia era capaz de coger arañas sin problema, sin miedo.

D: Hay un trabajo muy intenso detrás de las cámaras, ¿qué tal fue tu experiencia rodando este primer largometraje?

Sébastien Vanícek: Toda la experiencia la basamos en nuestro trabajo en los cortos, ya que estuve acompañado del mismo equipo con el que llevo trabajando cerca de 10 años. Hemos hecho tanto cine con un presupuesto tan ínfimo que fuimos capaces de sacar adelante la película bajo todo tipo de presiones.

Lo esencial de la película es la tensión. Yo mismo quería ser el que manejara la cámara, ya que tenía claro lo que quería lograr y qué movimientos debía hacer. También quería estar más cerca de los actores, capturarlos con la cámara y ver lo que contaban sus expresiones; así mismo, también capturamos todo el trabajo físico, como subir y bajar 3 o 4 pisos en una sola toma y que la acción continuara de forma intensa. Quería que toda esa energía quedara registrada en la cámara.

Hicimos todo lo que pudimos para situarnos en un entorno de trabajo real y que la cámara estuviera con los personajes: si el personaje cae, la cámara cae; si al personaje lo hieren, la cámara también lo sufre. Tenía presente que en la película había dos estilos bien marcados: el primero es el retrato humano del principio y el segundo todo lo relacionado con el horror, más estilizado. En esta segunda parte hubo una comunicación estrecha con los técnicos que sabían lo que podíamos hacer con lo que teníamos, si algunos movimientos eran posibles o las cosas que podíamos hacer con la grúa. Tuve la suerte de contar con un equipo increíble que hizo que nos esforzáramos al máximo.   

D: Veo muchas influencias en tu película que van desde 28 días después hasta Attack the Block, Alien y también mucho del cine de Jeremy Saulnier, sobre todo Green Room. ¿Cuáles fueron tus influencias para Vermin?

Sébastien Vanícek: Durante la preproducción intentaba estar lo más alejado posible de cualquier influencia externa porque quería sacar lo mejor de mí. Me encantan los directores que son capaces de rodar con tanta personalidad como Danny Boyle o Ridley Scott o Jeremy Saulnier. Trato de alejarme de las influencias, pero es un hecho que es imposible no tener en mente ciertas películas cuando estás haciendo la tuya propia. Alien (1979) estaba muy presente cuando escribía la película y cuando grabamos ciertas secuencias con juegos de luz. 28 días después fue más una influencia durante el proceso de escritura del guion, cuando el protagonista de la película sufre algún cambio que lo define y descubre que el auténtico monstruo de la película es siempre el ser humano.

Es curioso porque Attack the Block fue una película que descubrí después de hacer Vermin. Me alegra mucho que la gente compare ambas películas porque creo que la película de Joe Cornish es realmente maravillosa.

Green Room fue una gran influencia respecto a cómo Jeremy Saulnier construye una tensión que va creciendo a medida que avanza la película y los personajes se van hundiendo en ella. Green Room es una película en donde el sonido es el auténtico protagonista: no veo lo que ocurre, escucho las cosas que suceden. El sonido fue una parte esencial en el trabajo de Vermin.

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