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Critica de ‘The Incredible Melting Man’ (1977, William Sachs)

Si alguna vez hubo una época dorada del cine B de género, fue sin duda la década de los 70. Al ver la legendaria tarifa de género que abarca desde la obra maestra de ciencia ficción La Carrera de la Muerte del Año 2000 hasta la que puede ser una de las mejores películas de terror de todos los tiempos, La Matanza de Texas, la década se convirtió en uno de los mejores períodos de diez años en la historia del cine, para todos y cada uno de los tipos de cinéfilos, incluso aquellos que preferían la sangre y las tripas al cerebro y filosofar.

Sin embargo, no todas las películas elevaron lo que siempre se ha considerado un tipo menor de largometraje. Por cada Phantasma hay un The Incredible Melting Man (o Viscosidad en España). Y, aún así, incluso en la mediocridad de la última película, es imposible evitar un pequeño disfrute.

Aquellos con un buen recuerdo de las cintas de los años cincuenta encontrarán mucho para complacerse porque eso es esencialmente lo que The Incredible Melting Man es, una película B de 1950 hecha veinte años demasiado tarde pero con la ventaja adicional de la leyenda de los efectos de maquillaje Rick Baker a bordo para manejar todo el goteo.

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The Incredible Melting Man cuenta la trágica historia de un astronauta llamado Steve que vislumbra el sol a través de los anillos de Saturno y regresa a la tierra con algún tipo de enfermedad desagradable. Este mal en particular hace que los tejidos blandos de Steve se desprendan como spaghetti caliente y lo envía a una búsqueda febril para devorar carne humana fresca a fin de aliviar su sufrimiento. El compatriota de Steve y experto en el campo muy especializado de la patología celestial radiactiva, el Dr. Ted Nelson, está rastreando a Steve por el campo después de que el cosmonauta en proceso de derretimiento escapara de la cuarentena. Ted se preocupa por Steve, Ted se preocupa por su esposa embarazada y Ted se preocupa por el general de brigada Perry, que lo está acompañando para asegurarse de que se emplee el mayor secretismo, así como para que el buen médico cuestione quién lleva los pantalones en su familia. Resulta que el doctor tiene razón para preocuparse, ya que Steve se está devorando la carne de las personas y despacha a una enfermera, un pescador, una pareja de ancianos juguetones, un hombre que se parece a Danny McBride y algunos otros antes del enfrentamiento final de la película en una planta de energía.

Fácilmente el punto más fuerte de la película, los efectos aquí son absolutamente excelentes. El legendario artista estadounidense de maquillaje Rick Baker está detrás de estos y son de primer nivel, ayudan a convertir al ghoul titular en algo mucho más interesante que solo un genérico cinemonster. Espeluznante, exudando pus por cada poro, el personaje experimenta cambios físicos a lo largo de la película y con cada nueva evolución del monstruo, los efectos de Baker se vuelven cada vez más desagradables y cada vez más interesantes. Como dato curioso, los efectos de maquillaje de derretimiento en esta película inspiraron el destino de Emil Antonowski en RoboCop (1987).

RoboCop (1987), Paul Verhoeven's ultra-violent cyborg cop movie ...
RoboCop (1987)

Es cierto que el film es bastante decepcionante como una película ‘real’. Presenta una actuación rígida (afortunadamente solo hay un puñado de líneas verbalizadas de él) de Alex Rebar, el hombre detrás del monstruo. Una de esas líneas verbalizadas antes mencionadas es una de las más divertidas en la historia del cine de horror, una que reconocerá después de escucharla. Afortunadamente, Burr DeBenning, quien interpreta al Dr. Nelson, eleva aquí el material que ciertamente es cursi. En realidad, presenta una actuación sólida, que aunque se ve obstaculizada por líneas igualmente cómicas, tiene un sentido del humor inherente corriendo por sus venas, particularmente cuando es “colgado” por el deliciosamente aclichado del general Michael Perry intepretado por Myron Healey. Otra curiosidad notable de este film es la aparición del aclamado director Jonathan Demme (El Silencio de los Corderos) como Matt Winters, un fotógrafo intentando hacer que una jovencita se deshaga de sus prendas para él.

Viscosidad, El Increíble Hombre que se Derrite (Hispanoamerica) o Saludos Cordiales Desde el Planeta Saturno (Alemania) es una baratija del baúl B del horror que para los fanáticos del splatter y de las cosas que se arrastran viscosas por la noche mientras dormimos resulta una joya obligatoria.

https://www.youtube.com/watch?v=QSznUGRsQFY

Written by Hernán Funes

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