La Pasajera

Blasco es un macho ibérico de pura raza. Un hombre fuera de su tiempo que se dedica a realizar viajes en su querida furgoneta, La Vane. En uno de esos viajes, acompañado por tres pasajeras con las que le resulta imposible entenderse debido a sus diferencias, sucede algo: una nueva pasajera de origen extraterrestre convertirá un simple viaje incómodo en un viaje aterrador.

Raúl Cerezo y Fernando González han hecho una película realmente especial, y es que pocas veces nos encontramos con títulos de serie B tan puros y desvergonzados que, al mismo tiempo, se preocupen por estar bien rodados y escritos. Quiero decir, homenajes a la serie B ochentera hay cientos, pero siempre se empeñan en subrayar las carencias de ese tipo de producciones, de ahí que algunos homenajes a dicho cine sean, en ocasiones, más cutres que las verdaderas películas de serie B. Da la sensación de que buscan tan a la desesperada resaltar las insuficiencias, ya sea por nostalgia o por las risas, que a veces pierden el norte.
La Pasajera es un caso extraño. Por un lado, es un obvio y cariñoso homenaje al cine barato de los ochenta, pero por otro parece lanzarnos una cuestión: ¿Qué pasaría si una de esas películas casposas para videoclubs estuviese bien escrita? ¿Y si sus personajes fuesen tridimensionales y no sólo cachos de carne puestos ahí para ser masacrados por el asesino enmascarado o el extraterrestre de turno? ¿Y si el director de uno de esos títulos tan chungos supiese mover la cámara y rodar algo más complejo que un plano contraplano? El resultado es La Pasajera, una película de serie B con personajes bien escritos, buenas interpretaciones y un gran y complejo manejo de la cámara. Para situarnos un poco mejor diré que, si tuviese que emparentarla con otra película, sería con Death Proof, de Quentin Tarantino, y no precisamente porque tengan nada que ver a nivel argumental, pero sí en lo tocante a realización y contraste entre espíritu y técnica. En ese sentido son primas.
Pero me voy a explicar un poco mejor.

Vale, La Pasajera está lejos de contarnos algo que no nos hayan contado ya. La originalidad argumental no es su mayor baza (parásitos extraterrestres adueñándose de cuerpos humanos), pero no lo necesita porque esta es una de esas películas en las que, de verdad, importa más el viaje que el destino. Es muy común afirmar que importa más el contenido que el continente… Estoy parcialmente de acuerdo, sobre todo cuando se trata de personas (ya sabéis, lo que importa es el interior), pero cuando la cosa va de cine, admito que a veces me importa más el envoltorio que lo que hay dentro.

Y ahora, hablemos de Death Proof.
La película que hizo Quentin Tarantino para el díptico Grindhouse, era, al igual que La Pasajera, un homenaje a un cine de tiempos pasados. En su caso, las películas de serie B proyectadas en salas de mala muerte. Dichas películas se caracterizaban por la falta de medios técnicos y artísticos, y unos presupuestos miserables.
Y Death Proof va de eso, está en su genética, sabemos a qué le rinde homenaje… Hasta que Tarantino saca la artillería y se marca una de las persecuciones automovilísticas más impresionantes de la historia del cine. Una secuencia así habría sido imposible en la típica película de serie B hecha con cuatro duros y un equipo técnico luchando por hacer lo que humanamente podía con unos medios tan precarios. Los milagros a Lourdes, como se suele decir. No habría sido posible esa persecución, ni tampoco el nivel en las interpretaciones, ni el uso de la cámara, la banda sonora, ni, por supuesto, ese reparto tan talentoso encabezado por Kurt Russell. De hecho, esta era una de las cosas que, en su momento (ya no, lo superé) me sacaban de Death Proof. “Si homenajea al cine salchichero, ¿por qué demonios está tan bien hecha?”, me preguntaba. Es algo extraño y contradictorio, pero ahora, muchos años después, lo veo como algo interesante. Serie B realizada con ingredientes de lujo.

Y dicho esto, podemos volver con La Pasajera.
En la película de Raúl Cerezo y Fernando González ocurre algo similar a lo de Death Proof, aunque tal vez no de una forma tan radical.
Tenemos todos los elementos que definen el cine al que rinden tributo, pero al mismo tiempo hay perlas a lo largo del metraje impropias de ese tipo de películas. Con perlas me refiero a alardes técnicos que jamás habríamos encontrado en películas como Critters.
Para empezar, los efectos especiales prácticos (los digitales están regular), así como el maquillaje, son estupendos, y aun así son lo menos llamativo de esta película. Quién iba a decirme a mí que en una película de alma casposilla iba a encontrarme con unos personajes tan bien escritos y carismáticos. Todos tienen su trasfondo y algo que decir, incluso los que están ahí para morir pronto y hacer que la trama avance (atención al largo plano secuencia en el que Mariela, interpretada por Cecilia Suárez, habla sobre lo que sucede. Después, la cámara se pasea por el interior de la furgoneta para mostrarnos qué hacen y dicen los demás personajes). Incluso Blasco (un grandísimo Ramiro Blas comiéndose la pantalla), el personaje más odioso de la película, termina siendo más de lo que parece y despertando en el espectador cierta ternura y simpatía. Esta forma de tratar a los personajes me ha recordado a lo que hace Stephen King.
No es sólo que los personajes estén bien escritos. También ocurre que todos los actores son estupendos (otra cosa que rara vez encontramos en la serie B. Es parte su encanto, no lo digo como algo negativo).

Todo eso más el manejo de la cámara (planos secuencias en espacios reducidos, uso del enfoque profundo –Steven Spielberg y Brian de Palma saben mucho de esto- o bellísimos planos retocados, como el de esa luna imposible) y la fotografía hacen que La Pasajera sea, además de una película cargada de personalidad propia, un ejercicio de saber hacer, planificación y buena mano. Todo realizado con mimo no sólo hacia la serie B, sino hacia el cine, en general, y su lenguaje.

La tenéis en Prime Video

Por Narciso Piñero

Me alimento de cine, libros, tebeos y buena música. Autor de dos novelas: Juggernaut y Jugando con Claudia. Escribo críticas y artículos de cine donde me dejan.

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