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Crítica: ‘Doctor Extraño’ (2016, Scott Derrickson)

Doctor Extraño arranca cuando un cirujano (Stephen Strange) sufre un accidente automovilístico que inmoviliza sus manos. Cuando la medicina tradicional falla, se ve obligado a buscar una cura y esperanzas en un lugar impensado: una comunidad aislada llamada Kamar-Taj. Rápidamente descubre que éste no es sólo un centro de recuperación, sino también la primera línea de una batalla en contra de fuerzas oscuras y ocultas empeñadas en destruir nuestra realidad. En poco tiempo, Strange, armado con sus poderes mágicos recientemente adquiridos, se ve obligado a elegir entre volver a su antigua vida de riqueza y estatus o dejarlo todo para defender el mundo como el mago más poderoso del planeta.

Director: Scott Derrickson.
Reparto: Benedict Cumberbatch, Chiwetel Ejiofor, Rachel McAdams, Mads Mikkelsen, Tilda Swinton, Benjamin Bratt, Michael Stuhlbarg, Scott Adkins.

En un año en el que el género superheroico se ha nutrido de enfrentamientos entre aliados (Batman vs Superman, Iron Man vs Capitán América) y estudios (Marvel vs DC), amén de alguna sorpresa como Deadpool, la llegada de Doctor Extraño se torna tan apropiada como necesaria. No solo es la película más asombrosa del Universo Cinematográfico de Marvel desde Guardianes de la Galaxia, sino también el aire fresco que necesitábamos.

Doctor Extraño no reinventa la fórmula que tan bien funciona ni se sale de la línea establecida durante estos años, pero Scott Derrickson (Sinister) y su equipo han potenciado una historia de origen muy atractiva que por fin le hace justicia al personaje (¿os acordáis del telefilm de finales de los 70? ¿y de aquel intento copyright free en los 90?); jugar en (y con) el campo esotérico fortifica las virtudes del film que no solo se apoya en los efectos especiales -que, hay que remarcar, son espectaculares: a destacar el primer viaje astral o la ciudad de Nueva York partiéndose en mil pedazos-.

Benedict Cumberbatch sale airoso de las comparaciones con Robert Downey Jr. y su Tony Stark; el intérprete de Sherlock es igual o más carismático que su compañero de oficio a la hora de enfrentarse a sus líneas de diálogo más macarras. Cumberbatch dibuja un sólido Stephen Strange que encaja a la perfección en el Universo Marvel: un -al igual que Stark– tipo bastante arrogante que deberá dejar atrás su ego para salvar al mundo. Convertirse en Hechicero Supremo no será nada fácil, pero su odisea es amena para nosotros, algo que agradeceremos.

El resto del reparto cumple a la perfección en la clásica estructura del viaje del héroe: Tilda Swinton siempre es sinónimo de calidad, queremos ver más de Chiwetel Ejiofor en el futuro, Rachel McAdams es mucho más que la mujer florero de turno y Mads Mikkelsen conforma un villano mucho más memorable que Ultron o Malekith, por citar varios ejemplos del Universo Marvel.

Por su parte, el guión de Derrickson y su socio C. Robert Cargill establece un mundo de fantasía fácil de digerir para el espectador que aborda la mitología Strange por primera vez. Afortunadamente, Doctor Extraño se mueve muy bien como historia aparte. Las pinceladas de humor pueden ser excesivas para muchos, pero recordemos que es una constante en esta saga.

No estamos ante la mejor película de Marvel, pero sí ante la más alucinante. Doctor Extraño es un blockbuster capaz de soñar más allá del espacio-tiempo en una época en la que necesitamos más películas como ésta. ¿Cuánto falta para Los Vengadores: La Guerra del Infinito?

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