Luces Rojas

Luces Rojas sigue a una psicóloga y su ayudante intentan desacreditar a un vidente que ha recuperado el prestigio después de haber pasado treinta años sumido en el olvido; el problema consiste en que el cerebro casi siempre nos transmite una imagen distorsionada de la realidad.

“No puedes negar la realidad solo porque no puedas explicarla”. En esta premisa reside el debate en el que se sustenta Luces Rojas, una controversia que alimenta a la sociedad y a un grupo de profesionales ávidos por enfrentar lo racional con lo sobrenatural. Un pulso entre escepticismo y superstición, característico del cine de género, en el que los bandos opuestos nunca han sido capaces de llegar a un acuerdo.

Rodrigo Cortés, director, productor y responsable del guion y del montaje de la película, establece un hábil juego mental con la audiencia. Paso a paso nos introduce mediante espejismos en una trama que invita a la reflexión, donde cada matiz cuenta. Al ejercer de profesores universitarios, expuestos a la vez al juicio público, la experta en psicología Margaret (Sigourney Weaver) y su ayudante Tom (Cillian Murphy), especializado en física, enseñan gráficamente las estrategias que utilizan numerosos impostores de lo paranormal para aplicar sus creencias por encima de la teoría científica. Cuando los detractores cuestionan esa lógica o inciden en sus puntos débiles, la historia adquiere un alto nivel de profundidad que expone a los personajes ante sus miedos e inquietudes.

A partir de localizaciones dotadas de una fría y misteriosa estética lograda por el director de fotografía Xavi Giménez, no es casual que el título de la obra se manifieste en repetidas ocasiones. La propia Margaret le aclara a su alumna Sally Owen (Elisabeth Olsen) que lo que ellos denominan “luces rojas” son notas discordantes que prueban que detrás de esos sucesos se esconde una elaborada trampa. Pero esto va más allá pues, si ponemos atención, incluso podemos distinguir amenazantes focos artificiales de tono carmesí en ciertos escenarios, revelándose también de modo literal en elementos como un telón de fondo, la alfombra de una sala de actos, un letrero de salida y en la misma sangre.

Gracias a la antagónica figura del psíquico Simon Silver (Robert De Niro), quien regresa igual que una desagradable profecía abriendo viejas heridas que no han dejado de doler, la acción da un vuelco significativo. A raíz de ese hecho, el autor plasma un preciso retrato de los medios de comunicación cuando la situación se traslada a un imparable circo mediático y delata la condición crédula de los manipulables espectadores.

El emocionante clímax se precipita en una carrera a contrarreloj que soluciona el rompecabezas, cuyos interrogantes y dudas bailan al ritmo de la tensa música compuesta por Víctor Reyes. En el momento en que la violencia deriva en una lluvia purificadora, el protagonista acepta su auténtica esencia con la emisión de un poderoso mensaje.

Co-producida entre España y Canadá, Luces Rojas exhibe una selección de trucos visuales que estimulan los sentidos. Una propuesta donde lo sobrenatural asoma a través de experiencias extracorpóreas y sesiones de espiritismo que ambicionan con acercarse a una cuestión universal inalcanzable.

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