La Piscina

Ray Waller, una estrella del béisbol obligada a retirarse prematuramente a causa de una enfermedad degenerativa, se muda a una nueva casa con su esposa Eve, su hija adolescente Izzy y su hijo pequeño Elliot. Con la esperanza secreta de recuperarse y volver al deporte profesional, Ray convence a Eve de que la fabulosa piscina del jardín de su nuevo hogar será divertida para los niños y le servirá a él como terapia física. Pero un oscuro secreto del pasado de la casa desatará una fuerza malévola que arrastrará a toda la familia a las insondables profundidades del terror más asfixiante.

Durante su dilatada historia el cine de terror ha sido capaz de reinventar en incontables ocasiones una serie de elementos básicos que construyen los pilares fundacionales del género. Las relaciones familiares han sido desde los albores del género el germen de una infinidad historias; ya sea mediante las peculiares relaciones familiares que se establecían en las cintas de monstruos de la Universal, en las motivaciones de los asesinos de la franquicia Scream o en las herencias malditas de Insidious, es imposible analizar el desarrollo del terror sin colocar a las familias como una de las principales piedras de desarrollo del mismo. Por ello, decir que La Piscina toma todos estos tópicos familiares como motor narrativo de su historia no es algo ni mucho menos negativo, el problema surge cuando uno se ve obligado a ser testigo de una trama sin el más mínimo interés en presentar algún elemento que permita a la película destacar sobre las demás.

La Piscina nos presenta a la familia Waller, quienes se ven obligados a mudarse para hacer frente a la enfermedad degenerativa que afecta al cabeza de familia. Tras haber creído encontrar la casa de sus sueños se darán cuenta de que la misteriosa piscina de su patio trasero esconde secretos mucho más oscuros de lo que ellos nunca fueron capaces de imaginar. Bryce McGuire debuta en el largometraje con una adaptación homónima de su propio corto, viéndose en la tesitura de expandir el interesante punto de partida de su breve historia en un guion funcional que cubra los 98 minutos de metraje. No son pocas las veces durante los últimos años donde hemos visto que creadores de grandes cortos son incapaces de trasladar sus historias al largo, y mucho me temo que La Piscina se suma a esa larga lista de grandes ideas que nunca terminan de despegar.

Dejando a un lado el nulo desarrollo de sus personajes, la trama en ningún momento tiene la más mínima intención de crear una mitología interesante en torno a esa curiosa piscina que en todo momento se nos presenta como un mal omnisciente con capacidades malignas en apariencia ilimitada. Nos echamos las manos a la cabeza en su tramo final, cuando el guion de McGuire se ve obligado a dar una respuesta a los insulsos misterios que se han planteado a lo largo del metraje, eligiendo el camino fácil a medio camino entre el homenaje y el plagio a Amityville, Insidious, Poltergeist o Pesadilla Diabólica. La calificación PG-13 lastra aún más la película, convirtiendo los escasos golpes de terror de la cinta en situaciones fuera de plano donde, en la mayoría de los casos, no se muestra y ni siquiera se insinúa lo que está ocurriendo. Por poner algún elemento en el lado positivo de la balanza debemos reconocer un interesante diseño de criaturas, a las que por desgracia en ningún momento se les permite lucirse en pantalla y que finalmente terminan careciendo de cualquier peso en la resolución de la historia.

Creo que no soy el único que esperaba que la primera película surgida de la reciente colaboración entre Blumhouse y Atomic Monster (compañía de James Wan) fuera un producto mucho más interesante que La Piscina. Parece que tras la sorpresa que nos dio el año pasado M3GAN este año, se vuelve a confirmar que el primer gran estreno de terror en cine que suele llegar todos los meses de enero nunca está a la altura de las expectativas generadas por la llegada de un nuevo curso para el género.

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