Cuando hablamos de adaptación cinematográfica nos referimos a una producción que reproduce algún elemento de una obra cinematográfica anterior, ya sea la misma trama, personajes o ambientación, por ejemplo. Cuando hablamos de remakes estamos hablando de permanecer fiel al film anterior o, en todo caso, en tomar gran parte de este para actualizarlo.

¿Qué sucede con los remakes? Hay que tener en cuenta que una producción cinematográfica no se refiere únicamente al proceso de la misma. Es decir, todo lo que rodea al proyecto, ya sea producción, tecnología o la misma sociedad, influye de manera directa e indirecta sobre el proceso de creación de la película. Se comprende que si se realiza un remake de una película del 1915 no podrá ser una copia fiel de la misma, pero si puede ser una buena actualización o una vuelta de tuerca al concepto o el sentido del film. Lo que ocurre actualmente es que se están tomando los remakes como fábricas de hits. Para muestra, un par de botones.

 

Los fans del género recordarán los siguientes títulos: Martyrs, de Pascal Laugier, y [REC], de Jaume Balagueró y Paco Plaza. Ambos filmes tuvieron sus respectivos remakes. [REC] vió la luz en el 2007 y Quarantine un año más tarde, mientras que Martyrs se estrenó en el 2008 y este pasado año 2015 los hermanos Goetz estrenaron su versión bajo el mismo nombre.

Ambos originales, Martyrs y [REC], obtuvieron la ovación de la crítica y del público. Aunque son películas muy diferentes defienden a capa y espada el género más salvaje dentro del cine de terror y, en sus respectivos países, se han vuelto obras de culto. En cuanto a sus remakes, dejan mucho que desear. Son películas que se han producido sin ningún tipo de interés más allá que el económico y dejan de lado elementos tan importantes para el género como los siguentes:

En ambos remakes la dirección de fotografía se olvida completamente del montaje original, las dos películas calzan un aura luminosa que rompe con la paleta de colores de las películas originales provocando que el estado anímico del espectador al recibir inputs sea completamente diferente. Y realmente me sorprende que este tipo de lenguaje se prostituya en producciones de este nivel. En ambos remakes se opta por un guión que más que aportar, recorta. Tanto en la Martyrs del 2015 como en Quarantine pasaron las tijeras para dejar el guión a lo más mínimo y transformar a los personajes en entes que solo generaban monosílabos y frases escuetas en busca de un supuesto impacto. A destacar también el recorte que sufre la producción de los hermanos Goetz en la que se modifica completamente a un personaje y se tergiversa la trama de una forma espectacular. Con razón en los créditos solo figura el nombre de Pascal Laugier en la creación de los personajes.

Con esto no quiero decir que los remakes sean el mal. Hay muchos ejemplos de remakes fabulosos como el Evil Dead del uruguayo Fede Álvarez, Las Colinas Tienen Ojos de Alexandre Aja o La Mosca de 1986 dirigida por David Cronenberg que igualan los filmes originales y, algunos, los superan hasta proyectar su misma sombra sobre ellos.

¡Así pues, larga vida a los buenos remakes y la hoguera con los malos-malísimos!

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