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Que la ciudad donde tiene lugar la historia de Nación salvaje se llame Salem no es ninguna casualidad. Que la protagonista y sus amigas sean todas mujeres que se desmarcan de lo establecido por la sociedad tampoco es una simple coincidencia. Y que finalmente cuando se desata una histeria colectiva las culpables sean ellas es el punto final para terminar de establecer el paralelismo. No es que se trate de una referencia sutil, pero ilustra a la perfección lo que pretende.

¿Cómo es la clásica imagen de una bruja? Seguramente la más común sea la de una anciana con nariz puntiaguda y verruga, una risa aguda, vestida de negro con un sombrero puntiagudo y que tiene alguna clase de poderes oscuros o de pactos con entidades sobrenaturales. Ese sería el esquema más conocido del personaje, pero rescatando algunos detalles también se puede decir que se trata de mujeres que viven al margen de un orden social, que tienen conocimientos alternativos a ciencias como la medicina o que incluso tienen unas prácticas sexuales que no entran dentro de la norma. Y por mucho que una sociedad se quiera revestir con una capa de tolerancia, lo cierto es que cuando surgen personas que se alejan de lo ordinario se las intenta silenciar, o lo que es peor, eliminar. 

Nación Salvaje

A lo largo de la historia, la imagen de la bruja ha ido cambiando y adoptando nuevas formas, pero en esencia el personaje sigue siendo el mismo, al igual que su papel en una comunidad. Incluso la propia palabra ha adoptado un matiz peyorativo hacia las mujeres, o más concretamente a ciertos comportamientos femeninos. Lo mismo ocurre con la sociedad. Tal vez se ha avanzado un poco y ya no se van quemando a personas en la plaza del pueblo, pero con el auge de las redes sociales y el uso de Internet es muy fácil señalar a alguien por un desliz. Si a eso se le suma el factor anonimato, se crea un caldo de cultivo propicio para que se vuelvan a dar casos de acoso, acusaciones desmedidas y linchamientos. De esta forma, las brujas modernas tienen una nueva cara.

Este es el destino de Lily y sus amigas Bex, Em y Sarah. Cuatro chicas que de alguna manera se desmarcan de la normatividad, ya sea por su raza, su identidad de género, su forma de pensar o por disfrutar sin ningún tapujo de su sexualidad. Ninguna de estas características encaja dentro del puritanismo de la sociedad americana (en este caso es la sociedad americana, pero si se habla de doble moral se puede hablar de la inmensa mayoría de sociedades en el mundo), un país que durante los últimos años ha ido mostrando su cara más desagradable al resto del planeta, siendo un lugar donde prima la intolerancia en todas sus formas y donde las armas son el principal complemento de los ciudadanos.

Es con esa doble moral cuando la población puede esconder sus deseos más oscuros, ya sea de forma personal o volcando parte de su personalidad en el mundo virtual mientras que el día a día se la educa para ser amable. Y cuando los secretos salen a la luz en forma de hackeo, la histeria se desata. El mundo entero ha visto la mitad más oscura y deja a los afectados en una posición de vulnerabilidad. El público no tarda en emitir sus propios juicios y buscar al culpable más cercano. Los dedos, fruto de un ego masculino dañado, no vacilan en señalar a los culpables: las mujeres. Porque la mujer si es obediente, discreta y calmada es buena y debe ser recompensada, pero si es rebelde y no sigue los cánones de lo indicado entonces ya se convierte en una puta, en una zorra, en una loca o en una bruja que merece ser castigada.

Nación Salvaje

Pero a diferencia de los juicios de Salem, estas brujas no están dispuestas a caer sin luchar. Por mucho que se las intente acorralar en su propio hogar (mención especial para un estudiadísimo plano secuencia) o por mucho que su propia familia las pueda repudiar, estas nuevas brujas también tienen a su disposición armas y redes sociales para hacer llegar su mensaje. Porque si al bando que le gusta señalar a los culpables la ira le da la fuerza, las víctimas con mucha más rabia van a luchar hasta su último aliento. Porque si el aquelarre se mantiene unido, se vuelve más poderoso. Porque si llevan golpeándote toda la vida, ya no queda nada que perder al intentar levantarte.  Y tal vez se pueda callar a una bruja, o a varias de ellas, o como dice Lily en un discurso digno de la Amy Dunne de Perdida “podréis matarme, pero no podréis matarnos a todas”. Quizás a esta nueva generación de brujas también las quemen, aunque antes de que queden reducidas a cenizas, las llamas devorarán el mundo actual y su mensaje perdurará. Solo hace falta una chispa para iniciar un cambio.

Se puede enmascarar el discurso con sarcasmo, humor negro y una estética de colores neón que incluya la sobrecarga de las redes sociales, pero eso no hace que el discurso sea menos cierto, y más cuando ha quedado demostrado en infinidad de ocasiones que la realidad supera con creces a la ficción. Nación salvaje es un reflejo de la actualidad con las mujeres, con las redes sociales y con la facilidad que existe a la hora de juzgar, por mucho que el discurso pueda resultar más violento en su tramo final o redundante, pero resulta efectivo en todo lo que se propone. Y solo por eso merece como mínimo un visionado. Para finalizar, me voy a tomar la licencia de añadir una canción que, si bien no aparece en la película, por su contenido lírico y estético podría encajar con estas cuatro amigas al mezclar un estilo muy particular con seducción, sensualidad y empoderamiento femenino.

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