Crítica: ‘The Neighbor’ (2016, Marcus Dunstan)

En The Neighbor, un hombre que se dedica a hacer encargos para su tío, un mafioso local para el que cambia matrículas de coches que transportan droga, descubre que su vecino tampoco es trigo limpio.

El director Marcus Dunstan logró debutar con acierto en el mundo del largometraje ofreciéndonos la interesante duología formada por The Collector y The Collection. Sin embargo, la semejanza de sus cintas con el esquema de la saga Saw, cuyas últimas entregas él mismo se había encargado de guionizar, provocaron que muchos le pusieran la despectiva etiqueta de experto en el denostado subgénero del torture porn.

The Neighbor supone la confirmación definitiva de que Dunstan tiene un brillante futuro fuera del torture torn, aunque también nos deja claro que aún es un diamante en bruto que debe pulir su estilo si aspira a jugar en las ligas mayores. La película cuenta con guion tan sencillo que cualquier detalle que se describa de su historia puede ser considerado como un spoiler, por lo que me limitaré a decir que el eje central de la cinta gira alrededor de una  pareja que verá frustradas sus expectativas cuando un misterioso vecino se interponga en su camino.

Sus escasos 87 minutos de metraje son puro entretenimiento gracias al adrenalítico estilo que Dunstan le imprime a su dirección. Sin embargo, cuando uno intenta indagar en el desarrollo narrativo de la historia, se da cuenta de que el guión, escrito por el propio Dunstan junto a su inseparable amigo Patrick Melton, abandona cualquier pretensión de profundizar en sus personajes, quedándose en una sucesión de prescindibles escenas en la búsqueda de un giro final que cualquier amante al thriller descubrirá sin demasiada dificultad durante la primera media hora de metraje.

Josh Stewart cumple nuevamente como protagonista marginal en busca de venganza pero, al igual que pasará en The Collector, su falta de expresividad impide al espectador empatizar con su personaje. Alex Essoe y Bill Engvall son los encargados de elevar la película, ofreciéndonos algunos duelos brillantes tanto desde el punto de vista físico como dialéctico. El montaje, obra de Andrew Wesman, es otro de los puntos fuertes de la película, y es que el maravillo uso de las transiciones dotan a la cinta de un aspecto clásico que termina reforzando su opresiva atmósfera.

Resumiendo podríamos definir The Neighbor como un tópico thriller que entretiene, pero no aporta nada nuevo a un género que está saturado de cientos de propuestas cada año. Una demostración más de que Dunstan tiene talento, pero aún le falta encontrar la idea que le permita realizar esa cinta que le confirme como uno de los grandes directores del panorama actual del cine de género.

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