“Soy viejo, no obsoleto” repite a lo largo de la película nuestro preciado Arnold Schwarzenegger; la primera vez que escuchamos la punch line nos lanza una mirada a través de un espejo retrovisor que fulmina la cuarta pared. El actor austriaco no solo apela a su resurrección cinematográfica, sino que también habla por la propia franquicia: Terminator: Génesis es, al igual que la reciente Jurassic World, un ejercicio nostálgico que recurre a los primeros episodios como espejo en el que moldearse. Pero al igual que la cinta de Colin Trevorrow, este revival se queda a medio gas. El arranque de Génesis nos lleva de nuevo a ese futuro distópico que tan bien trazó James Cameron, con la lucha entre los hombres y las máquinas en su punto más álgido.

John Connor, esta vez con los rasgos de Jason Clarke, prepara el ataque definitivo contra Skynet cuando descubre horrorizado que la superinteligencia ha movido ficha al enviar al T800 de vuelta al pasado con el objetivo de acabar con su madre, Sarah Connor (Emilia Clarke, Juego de Tronos). El soldado más fiel a John, Kyle Reese (Jai Courtney), se ofrece voluntario para viajar a 1984 y evitar la destrucción.

El director Alan Taylor se siente como pez en el agua a la hora de resumir Terminator y Terminator 2 en unos pocos minutos, así como de mostrarnos todo aquello que se nos intuía en éstas y jamás vimos (básicamente, porque tampoco era necesario). Sí, está muy bien ver a la versión digital del Schwarzenegger de 1984 darse mamporros con la de 2015, pero una vez Génesis empieza a forjar su propio camino empiezan los problemas, porque no hay mucho que ofrecer realmente. ¿Estamos ante la auténtica secuela que Cameron puso por las nubes o ante un videojuego desalmado?

Da la sensación de que Patrick Lussier y Laeta Kalogridis, autores del guión, se han preocupado más por las frases recicladas y las situaciones familiares que por formular una estructura sólida con personajes que no sean meras imitaciones a carboncillo de lo que vimos hace un tiempo. Y es una pena, porque aun siendo mejor que Terminator 3 y Terminator: Salvation, Génesis sí cumple en lo que a secuencias de acción se refiere: las peleas con Terminators, el desastre en el puente Golden Gate o el clímax no tienen nada que envidiar a otras entregas. Sin embargo, una vez agotado el espectáculo visual, no hay mucho más.

Taylor ha trabajado poco o nada la química entre la pareja protagonista compuesta por Clarke y Jai –graves errores de casting-, cuyas secuencias dramáticas dan vergüenza ajena y juegan a favor de un Schwarzenegger que, incluso como robot, está en su salsa. Salva la función el buen hacer de J.K. Simmons, el alivio cómico que el magnífico intérprete sabe conducir sin caer en la parodia que avisa el libreto. Aunque la verdad, querríamos haber visto más de él.

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