Una pareja decide pasar una noche romántica en un piso de un edificio semiabandonado al que se cuelan porque ella trabaja como asesora de inmuebles para el Ayuntamiento y tiene las llaves. Durante la velada descubren que unos encapuchados han asesinado al único inquilino que quedaba en el edificio. Ellos se convierten en su nuevo objetivo.

Director: Rafa Martínez.
R
eparto: Ingrid García Jonsson, Bruno Sevilla, Oriol Tarrida, Eduardo Lloveras, Miguel Ángel Alarcón, Luka Peros.

Empezaré siendo muy claro: películas como Sweet Home deben existir. La ópera prima de Rafa Martínez da fe del talento, de las ganas de superación por ofrecer un terror Made in Spain digno. No estamos ante una obra maestra –ni falta le hace-, pero sí ante una modesta producción diseñada milimétricamente para clavar al espectador en su butaca durante ochenta minutos. Y vaya si lo consigue.

Los desahucios, ese tema de rabiosa actualidad, tejen y moldean el hilo argumental de Sweet Home. Y si bien uno se olvida de ello una vez ha comenzado la diversión, el guión de Ángel Agudo, Teresa de Rosendo y Martínez suma unos cuantos puntos a la hora de jugar con la premisa para alejarse lo más posible del home invasion. Tics del subgénero que ha albergado films como Secuestrados, Los extraños o The Purge: La noche de las bestias –por citar unos cuantos ejemplos- se intuyen en la primera mitad, abrazando más tarde la acción y el slasher retro que tanto nos gusta.

Sustituya usted el Nakatomi Plaza de La jungla de cristal por un inmobiliario parecido al de [REC] y adorne con los retazos survival de Tú eres el siguiente. Voilà! Una de las sorpresas de la película es Ingrid García Jonsson, que defiende muy bien una final girl que podría haberse quedado en nada de no ser por su genuina entrega. Su Alicia no descansará en el país de las maravillas, pero podría ser entenderse muy bien con la Manuela Velasco de la saga [REC] o con la Shauna Macdonald de The Descent. Su compañero, Bruno Sevilla (Simon), hace lo que puede con un personaje algo más restringido.

Y en cuanto al trío de villanos inicial (Eduardo Lloveras, Luka Peros y Miguel Ángel Alarcón), son un mero calentamiento ante la llegada del auténtico final boss: El Liquidador (Oriol Tarrida), la auténtica estrella de la función. Desafortunadamente, la resolución del relato queda algo coja pese a jugar todas sus cartas. Así las cosas, Sweet Home conforma un sólido entretenimiento –estéticamente muy bonito, por cierto- sin más pretensiones que la de pasar un buen rato por y para fans del género. Y recordad, amigos, lo mejor de la comida japonesa es que no se enfría.

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