Tres turistas americanos que visitan Jerusalem se ven atrapados en los muros de la ciudad cuando el Juicio Final, la peor profecía de la Biblia, se convierte en realidad. Capturando cada momento, deberán enfrentarse a los sanguinarios demonios que se cruzarán en el camino. ¿Podrán escapar antes de que las llamas del infierno arrasen con todo y los Ángeles Oscuros pinten los cielos de oscuridad?

Director: Doran Paz & Yoav Paz.
Reparto: Tom Graziani, Yael Grobglas, Danielle Jadelyn, Yon Tumarkin.

El arranque de Jeruzalem no puede ser más prometedor. A la cita del Talmud que reza «El infierno tiene tres puertas: una en el desierto, otra en el mar y otra en Jerusalén», le sigue un interesante prólogo situado en 1972 (y contado en clave de found footage) que nos lleva a la Ciudad Vieja, donde asistimos al fallido exorcismo de una mujer que se convierte en demonio.

Este inicio tan bien parido da constancia de las buenas ideas de Doron y Yoav Paz en cuanto a ambientación y propuesta se refiere; Jeruzalem está repleta de buenas ideas. El cómo se ejecutan, eso es otra historia. El formato que acompaña el resto del metraje es, cuanto menos, curioso. Las Google Glass de la protagonista son una simpática alternativa a la cámara génerica del found footage genérico, una solución creativa que aporta personalidad a la historia y explota sus puntos cómicos. Además, su justificación dentro de la trama está bien argumentada. 

La captura de imágenes, el reconocimiento facial o el uso de aplicaciones como Facebook, Skype o Whatsapp en mitad del apocalipsis son un plus que arranca más de una sonrisa. Eso sí, los más tiquismiquis tendrán que perdonar ciertas libertades técnicas que se toman los realizadores para sacar adelante la historia, así como los momentos diseñados para el lucimiento de unos efectos visuales que, teniendo en cuenta el limitadísimo presupuesto, dejan mucho que desear. Otro de los puntos positivos de Jeruzalem son sus escenarios, tan bonitos como amplios.

El uso de las calles de Ciudad Vieja, el Santo Sepulcro, el manicomio o los subterráneos es visualmente muy potente, y se agradece ver algo distinto en un subgénero que tiende a centrarse en escenarios cerrados. La película se toma su tiempo en situarnos, gran ayuda a la hora de sumergirnos en la historia. Es una pena que cuando entran en juego las criaturas del infierno, Jeruzalem descarrile cosa bárbara.

Todo el suspense trabajado hasta el momento se desinfla a la velocidad de la luz y la película pasa a ser un videojuego shoot-em’up de los 90 (tipo The House of the Dead) con interpretaciones churruteras y nada creíbles (esos acentos…). No hay ni alma ni originalidad, solo una sensación de déjà vu constante (¡y hasta han metido fotogramas de [REC] 2!). Al espectador se le prepara para algo que termina sucediendo de las formas más vagas y baratas posibles. Jeruzalem, pese a sus defectos, supone una divertida experiencia que se salva gracias al potencial creativo de los hermanos Paz. Quizá, en un futuro no muy lejano, nos sorprendan con una producción a la altura de las circunstancias…

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