Crítica: ‘Heir’ (2015, Richard Powell)

Heir sigue a un padre y a un hijo en su perturbador encuentro con un antiguo conocido.

Director: Richard Powell.
Reparto: Bill Oberst Jr., Robert Nolan, Jane Pokou, Justin Major, Ken Austen, Mateo D’Avino, Stacy Campbell.

Los avances tecnológicos han permitido que hoy en día cualquier aficionado al séptimo arte pueda embarcarse en la aventura de crear su propio cortometraje con más facilidad que en el pasado. Si a esto le sumamos la proliferación de las plataformas de mecenazgo online, el número de cortos profesionales producidos cada año ha crecido exponencialmente hasta alcanzar cifras monstruosas. El principal problema es que muchos de estos directores se dedican a plagiar sus referentes convirtiendo sus cortos en meras copias que no aportan nada nuevo a una industria ya de por si saturada.

Este panorama ha provocado que pequeñas joyas como Heir pasen desapercibidas para el público más generalista. Y es que en una época donde la originalidad brilla por su ausencia, aparece un nombre entre las promesas del futuro: Richard Powell. Y es que Heir no es solo uno de los cortos más bizarros y provocadores que un servidor ha visto en mucho tiempo, sino que su guion recoge en apenas catorce minutos toda la esencia del cine de Cronenberg sin perder un ápice de originalidad.

 

Heir toma como referente el cine más extremo de Cronenberg (Rabia, El Almuerzo Desnudo, La Mosca) y por si eso no fuera suficiente añade a este cóctel un tema tan delicado y peligroso como la pedofilia. Powell crea una grotesca metáfora en la que el terror se oculta tanto en lo visual como el psicológico de unos personajes que provocan un odio visceral en lo más profundo del espectador, a pesar de su escaso desarrollo. El reparto está encabezado por el más que correcto Robert Nolan, quien logra mantener el tipo frente a un veterano del cine de terror de serie B: Bill Oberst Jr. (Abraham Lincoln vs. Zombies).

La historia de Powell logra remover tus entrañas, sumergiéndote en una insana atmósfera potenciada por la fantástica música de Christopher Guglick y la fotografía de Michael Jari Davidson. Por si esto no fuera suficiente nos encontramos ante unos sensacionales efectos visuales que terminan de redondear un corto imprescindible para todos los aficionados al terror más extremo y en especial a los amantes del Cronenberg más visceral. Y no diremos más porque no queremos entrar en terreno de spoilers

Esperemos que algún productor avispado se dé cuenta de la oportunidad que tiene ante sus ojos y permita a Richard Powell adaptar su cortometraje al largo, porque el potencial de esta historia es enorme.

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