Crítica: ‘Dos Hermanas’ (2003, Kim Jee-woon)

A finales de los 90, The Ring de Hideo Nakata disparó el boom del cine de terror asiático; países como Japón, China, Corea del Sur Tailanda sumaron decenas de producciones abanderadas bajo la corriente J-Horror que no solo se ganaron el cariño del público, sino también fueron capaces de generar más de un icono popular como Sadako o Kayako. De entre todos esos títulos destaca uno en especial: Dos Hermanas, de Kim Jee-woon.

El film, basado en un cuento popular de Corea, desmenuza la tensa relación de dos hermanas –Janghwa (Rosa) y Hongryeon (Flor de Loto)- con su madrastra, frente a la pasividad de un padre ajeno a todo lo que pasa a su alrededor. Lo que podría ser un mero drama familiar comienza a transmutar en algo siniestro mediante una serie de sucesos paranormales, una atmósfera que deriva a un crescendo antológico, con el que Jee-woon consigue entidad propia dentro de un fenómeno plagado de clones. No cabe duda que Dos Hermanas es uno de los films más redondos de toda esta hornada asiática; bajo su aparente capa de cotidianidad hay una historia que atrapa al espectador, que despierta su interés. La cinta funciona a la perfección como combinación de drama familiar, thriller e historia de terror clásica.

Como drama familiar, los flashbacks de las hijas con su difunta madre y la preciosa relación entre las hermanas son un claro ejemplo de cómo hacer entrañables a los personajes sin olvidarse de clichés como el de la madrastra maléfica y dominante. Como película de terror clásica conviene subrayar el ritmo pausado de tensión contenida que consigue helar la sangre con unos sustos antológicos construidos desde un segundo plano.

Dos Hermanas es un viaje apabullante y retorcido de terror tan físico como sobrenatural, cuyo clímax es simplemente magistral. La técnica de Jee-woon rezuma buen gusto, ensamblando a la perfección todos los matices de manera natural y homogénea. Para finalizar, una frase que se clavó en mi memoria: «¿Sabes lo que de verdad es aterrador? Cuando quieres olvidar algo y no puedes y entonces te persigue a todas partes, como un fantasma…”.

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