Crítica: ‘Deathgasm’ (Jason Lei Howden, 2015)

El joven Brodie se ve obligado a vivir con sus tíos, dos cristianos evangélicos que no entienden el gusto del chico por lo satánico. Por suerte, Brodie conoce a Zakk, con el que forma una banda de metal llamada Deathgasm. Cuando descubran una misteriosa partitura, convocarán a una especie de demonio conocido como Aeloth El Ciego.

Director: Jason Lei Howden.
Reparto: Milo Cawthorne, James Blake, Kimberley Crossman, Sam Berkley, Daniel Cresswell, Delaney Tabron.

En una de las escenas cumbre de la película, los dos protagonistas (unos simpáticos metalheads encarnados por Milo Cawthorne y James Blake) se enfrentan a varios demonios con la única ayuda de un consolador y unas bolas chinas. Para más inri, la acción se ralentiza dando paso al bullet time, que nos permite contemplar con todo lujo de detalles el impacto del PVC en la cara putrefacta del maligno. Sí, amigos: así es Deathgasm.

En su debut, Jason Lei Howden ha querido dejar bien claras sus influencias. Un poco del Sam Raimi de Posesión Infernal por aquí, otro poco del Edgar Wright de Shaun of the Dead (Zombies Party) y Scott Pilgrim contra el mundo por allá y para acabar una pizca del Peter Jackson de Braindead: Tu madre se ha comido a mi perro. Afortunadamente, Howden controla lo que quiere contar y cómo lo quiere contar: slapstick sanguinario, con la música a todo trapo y sin rodeos. Un nervio difícil de controlar, rápido y furioso, pero con tiempo para conocer –y querer- a los personajes.

La chispa de la película se mantiene gracias a su trío protagonista. Cawthorne y Blake tienen un poderoso aliado en la actriz Kimberley Crossman, cuyo personaje es más que la chica guapa en peligro; la química entre los tres y su soltura con algunos pasajes del guión son varios de los puntos que más nos han hecho disfrutar. Injusto sería olvidarse de Sam Berkley y Daniel Cresswell, la otra parte de la banda Deathgasm que, aunque quedan algo olvidados en el clímax del film, tienen sus momentos para lucirse.

Aunque le pesen algunos problemas de ritmo y a veces se atropelle a sí misma, Deathgasm resulta ser un sólido entretenimiento durante sus más de ochenta minutos de duración. Burra, llena de one liners y con mucho, mucho amor por el heavy metal. La película perfecta para disfrutar con los colegas un sábado por la noche.

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