Crítica: ‘Deadpool’ (2016, Tim Miller)

Basado en el anti-héroe menos convencional de la Marvel, Deadpool narra el origen de un ex-operativo de la fuerzas especiales llamado Wade Wilson, reconvertido a mercenario, y que tras ser sometido a un cruel experimento adquiere poderes de curación rápida, adoptando Wade entonces el alter ego de Deadpool. Armado con sus nuevas habilidades y un oscuro y retorcido sentido del humor, Deadpool intentará dar caza al hombre que casi destruye su vida.

Director: Tim Miller.
Reparto: Ryan Reynolds, Morena Baccarin, Gina Carano, T.J. Miller, Ed Skrein, Rachel Sheen, Brianna Hildebrand, Paul Lazenby, Sean Quan, Ben Wilkinson, Naika Toussaint, Olesia Shewchuk, Kyle Cassie, Style Dayne, Fabiola Colmenero, Stan Lee.

En el año 2010, Marvel Cómics publicó el one shot autoconclusivo The Major Motion Picture, escrito por Duane Swierczynski y dibujado por Leandro Fernandez; una breve historia en la que se narran el orígen del personaje creado por Rob Liefeld y Fabian Nicieza a principios de los noventa utilizando como pretexto la preocupación del Mercenario Bocazas por la inminente traslación de sus aventuras al mundo del cine.

La fecha de publicación del cómic y su contenido no deberían extrañar a nadie, teniendo en cuenta que el año anterior a su lanzamiento se estrenó la infame X-Men Orígenes: Lobezno (Gavin Hood, 2009); cinta que supuso la primera aparición de Deadpool en la gran pantalla convertido en una suerte de mutante genérico que poco —o más bien nada— tenía que ver con la irreverente figura enfundada en mallas rojas y negras del material original.

Por suerte, tanto para el fan más radical como para el espectador ocasional sobresaturado por el constante aluvión de filmes superheróicos clónicos y excesivamente blancos, el camino del alter ego enmascarado de Wade Wilson se ha cruzado con el de los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick, y con el del realizador Tim Miller quienes, de la mano de un Ryan Reynolds entregado en cuerpo y alma desde hace once años —que se dice pronto— en el proyecto, han dado al también conocido como Regenerador Degenerado no sólo la película que el superhéroe merecía, sino también la que la a veces oxidada maquinaria de Hollywood necesitaba.

De entre la notable nutrida lista de virtudes que atesora Deadpool, en la que, lamentablemente, y como suele ser tónica general en todo filme de orígenes, no se encuentra lo especialmente brillante de su rutinaria trama principal —algo perfectamente solventado con una acertadísima estructura en paralelo—, es sin lugar a dudas su inusual tono y tratamiento lo que la hace destacar entre sus congéneres y, con el paso del tiempo —si no inmediatamente—, la convertirá en un nuevo estándar dentro del «pijameo» cinematográfico.

La salvaje y desenfadada violencia que riega la pantalla con múltiples desmembramientos y riadas de sangre y coágulos, las referencias a drogas y prostitución, los personajes y situaciones más grotescas y la retahíla de comentarios soeces —y desternillantes— que vomita Wade durante la hora y tres cuartos de pura diversión que pasa como un suspiro ante mis ojos, ahora transformados en los de un adolescente disfrutando del espectáculo macarra y pasado de vueltas que siempre había soñado, contrastan con la oportuna oscuridad de algunos pasajes del largo e invitan a soñar sobre qué hubiese sido de la genial Guardianes de la Galaxia (James Gunn, 2014) si su director hubiese contado con la libertad creativa con la que dirigió la genial Super (2010).

Deadpool es autoconsciente, descarada, agresiva —no sólo en sus soberbias secuencias de acción, sino también en su capacidad de no dejar títere con cabeza a la hora de satirizar sobre la industria cinematográfica—, y rezuma mimo y un amor incondicional por parte de sus creadores hacia la fuente en la que se inspira; así que preparaos para una orgía de destrucción, roturas de la cuarta pared, sexo, violencia, amor —no olvidemos que en el fondo nos encontramos ante una película romántica—, un Ryan Reynolds que, más que interpretarlo, ES Deadpool, y un buen puñado de referencias al universo Marvel que hará las delicias del respetable y nos obliga a desear que las productoras se den cuenta de una vez por todas de que la calificación «para mayores de 18» y las adaptaciones del cómic al celuloide pueden ser las mejores compañeras de cama imaginables.

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