Crítica: ‘Coherence’ (2013, James Ward Byrkit)

Amantes de todo lo relacionado con las dimensiones paralelas y las paradojas temporales; Coherence, producción independiente y debut como director de James Byrkit, es una obligación para ustedes. Comenzaré diciendo que ganó la categoría a Mejor Guion en el Festival de de Sitges. Me resulta fascinante lo que se puede hacer con un bajo presupuesto (50.000 dólares), una única locación (la casa del director) y un guion sólido y genial (cortesía del director y uno de los actores, Alex Manugian). Y de igual manera, me resulta increíble que esta joya sea tan poco conocida.

El argumento de la película es simple. Un grupo de amigos se reúnen una noche para cenar, beber un poco de vino, y ponerse al día con sus vidas. Y como complemento, pueden apreciar el paso de un cometa. ¿Qué podría salir mal? Es aquí como desde una convención social como una reunión de amigos empezamos a ser testigos de los giros y sorpresas que el guion ofrece, los cuales son muchos, y cada uno resulta ser más sorprendente que el anterior.

La historia de Coherence atrapa a la primera. A medida avanza la trama la intriga sube, y nos damos cuenta de que estamos ante una película que, por momentos, es un thriller psicológico, por otros es un drama, y por otros es ciencia ficción. Pero algo es seguro, una vez sabemos lo que realmente está pasando, los pelos se ponen de punta.

Las actuaciones tienen mucho mérito, ya que el director afirmó que a los actores jamás les dio un guion. Más bien les entregó notas diarias con pequeñas explicaciones de lo que estaría pasando en las escenas, dejando que la improvisación fuera recurrente en los diálogos como en las reacciones. Destacan el actor Nicholas Brendon, a quien recordaremos por su papel de Xander en la serie Buffy, Cazavampiros, y la actriz sueca Emily Baldoni, en quien cae la responsabilidad de guiar al espectador durante muchos tramos de la película.

El estilo narrativo del director Byrkit puede recordar al utilizado en un documental. En muchos momentos se juega con cortes bruscos, dejando escenas de pocos minutos para que escuchemos la información necesaria y concisa que el director quiere que sepamos. Otro aspecto a destacar es que la película explica con naturalidad los conceptos y referencias necesarios para que, junto con los personajes, entendamos lo que está sucediendo. Y esto se agradece, pues creo que no todos somos expertos en mecánica cuántica y física, conceptos como decoherencia cuántica o el experimento del Gato de Schrödinger.

Durante el tramo final, nos damos cuenta que, posiblemente, ni quisiera sepamos si lo que estamos viendo es con lo que iniciamos la película, y ahí recae la gracia de Coherence (estoy seguro que el título es una ironía del director). El final deja muchas preguntas sobre la trama, y seguramente Byrkit así lo quiso, y esa incertidumbre, paradójicamente, resulta muy disfrutable. Y lo más importante, deja a los espectadores una pregunta para que la respondamos y nos quedemos con esa respuesta: ¿qué haríamos si pudiéramos cambiar nuestra vida, pero sin cambiar la persona que somos?

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