Crítica: ‘Cabin Fever’ (2016, Travis Zariwny)

Cabin Fever trata la historia de cinco amigos que pasan unos días de vacaciones en una cabaña en el bosque. Durante la estancia, un virus se apodera de los jóvenes y de los residentes del pueblo cercanos al bosque. Remake de la película homónima estrenada en 2002.

Director: Travis Zariwny.
Reparto: Gage Golightly, Matthew Daddario, Nadine Crocker, Dustin Ingram, Samuel Davis, Randy Schulman, Louise Linton, Jason Rouse.

Vamos allá… En el 2002, Eli Roth (Hostel, El Infierno Verde, Toc Toc) se estrenó en el séptimo arte con Cabin Fever, una película de terror-gore que pasó por el Festival de Sitges llevándose el premio a mejor maquillaje. Este 11 de febrero se ha estrenado el remake de Cabin Fever bajo la batuta de Travis Zariwny (Travis Z para los amigos).

Esta nueva entrega arranca de forma muy interesante con un par de planos que recuerdan a clásicos como El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980) o Funny Games (Michael Haneke, 1997/2007) y con una banda sonora muy noventera. Durante la primera media hora, la película progresa adecuadamente hasta que se ve la sombra del guionista. Se empieza a descontrolar la trama con acciones aleatorias y comportamientos forzados para justificar la evolución de la película, que acaba cayendo en una montaña rusa de clichés, giros poco creíbles y gore gratuito.

A nivel técnico, la nueva Cabin Fever está bien trabajada, aunque se podía haber potenciado la utilización del lenguaje visual. El guión, construido por los mismos guionistas de la versión original (Randy Pearlstein y Eli Roth) es muy diferente a la versión del 2002. Por ello, no consideraría que la película de la que estamos hablando sea un remake ya que es más cercana a una adaptación libre en la que se toma el tema central y la situación y se modifica absolutamente todo: la construcción de los personajes, la evolución de la trama, introducción de nuevos personajes satélite… Únicamente se salva alguna de las secuencias de la película del 2002, como la de la bañera. A nivel interpretativo, el reparto cumple con su cometido, aunque la exigencia no es demasiado alta.

Uno de los puntos fuertes de la película original era, sobretodo, la crítica subterránea contra las olas de infecciones creadas en laboratorio. En el Cabin Fever de Travis Zariwny, se pasa de puntillas por el tema y se centra, básicamente, en crear un espectáculo de gore. La banda sonora acaba siendo una herramienta para potenciar el efecto screamer, pero no acaba de ser efectiva.

En definitiva: una película pasable si no tenemos en mente la obra original de Eli Roth.

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