Crítica: ‘Blair Witch’ (2016, Adam Wingard)

Unos estudiantes se adentran en los bosques Black Hills de Maryland para intentar descubrir qué pasó en la desaparición de Heather, la hermana de James, relacionada con la leyenda de la bruja de Blair. Pronto una pareja de lugareños se ofrece a ser sus guías en los bosques.

Director: Adam Wingard.
Reparto: Callie Hernandez, Valorie Curry, James Allan McCune, Wes Robinson. 

Los aficionados al género no pudieron contener la emoción al enterarse de que el nuevo proyecto de Adam Wingard (V/H/S, Tú Eres el Siguiente, The Guest), titulado misteriosamente The Woods, era en realidad una secuela de El Proyecto de la Bruja de Blair. Pero, por desgracia, la cosa no ha salido demasiado bien.

La idea que Wingard plantea en Blair Witch es muy sencilla: trasladar a la Bruja de Blair al siglo XXI, actualizándola a las nuevas tecnologías (cuatro cámaras nuevas, un dron y un GPS son suficientes) y continuando la historia donde la primera entrega lo dejó en 1999. A priori, uno se da cuenta de que el director apenas ha aplicado cambios en el largometraje de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez. Aunque, si bien en la primera entrega solo veíamos un único punto de vista -desde una sola cámara-, en la secuela podemos ver los distintos puntos de vista de los personajes, gracias a que cada uno de ellos porta una cámara. De este modo, se nos puede explicar de manera más detallada los sucesos paranormales que viven los protagonistas. Una propuesta similar a la vista en Aliens[REC 2].

Sin embargo, los hechos que se llevan a cabo siguen la misma estructura que la cinta original: mismo orden y mismas consecuencias. De acuerdo que el director haya querido mantener la misma esencia de El Proyecto de la Bruja de Blair con cámara en mano y plano subjetivo constante. Pero de allí a incluso reciclar planos, hay un gran trecho…

A los que ya hayáis visto la primera entrega, Blair Witch no os resultará para nada novedosa. Afortunadamente, los que desconozcan las aventuras de Heather, Mike y Josh por el bosque maldito podrán disfrutar sin problemas de la historia. En parte, está bien que Wingard quiera tomar de nuevo los elementos que caracterizaban a El Proyecto de la Bruja de Blair y, de este modo, llenar la secuela de guiños y referencias. Pero el problema es que no hay apenas cambios. Es como un cortar y pegar. Y por si fuera poco, en Blair Witch se comete uno de los errores más graves que podrían cometerse: se carga la sutileza del film de Sánchez y Myrick.

Del mismo modo, se abusa demasiado de los golpes de sonido durante el largometraje, esos jump scares tan efectistas a día de hoy. Ahora bien, el juego, set y partido, se lo lleva Blair Witch al conseguir mantener al espectador en una tensión constante. Aún sabiendo -o deduciendo- lo que va a suceder a continuación, la cinta se esfuerza en ponerte los pelos de punta en todo momento.

El reparto sigue la estela de El Proyecto de la Bruja de Blair: esto es, poco conocido. Sin embargo, no puedo terminar la crítica sin hacer referencia a una de las actrices que termina siendo, a grosso modo, la coprotagonista. Hablo de Callie Hernandez en el papel de Jesse. De acuerdo que estamos en un film de terror y la actriz debe mostrar la ansiedad, el pánico y el miedo lo mejor que pueda. Pero Hernandez roza la sobreactuación, sobre todo en el tramo final del film.

Blair Witch no consigue llegar al público como lo consiguió en 1999 porque es más de lo mismo. Pero no más de lo mismo con otro entorno o elementos cambiados: es exactamente lo mismo. A excepción de las diversas cámaras y los distintos personajes protagonistas, claro.

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