Crítica: ‘La Autopsia de Jane Doe’ (2016, André Øvredal)

La Autopsia de Jane Doe arranca cuando, en una lluviosa noche, Tommy y Austin Tilden, los dueños de la funeraria del pueblo de Virginia, reciben un misterioso cuerpo del cual no consiguen determinar la causa de su muerte. Es entonces cuando se ven envueltos en una horrible pesadilla.

Director: André Øvredal
Reparto: Brian Cox, Emile Hirsch, Olwen Catherine Kelly, Ophelia Lovibond, Michael McElhatton

La Autopsia de Jane Doe es un soplo de aire fresco para los amantes del cine de género que empezábamos a estar cansados de las típicas fórmulas repetidas una y otra vez con los largometrajes de terror actuales. La nueva película de André Øvredal (Troll Hunter) pretende regresar a ese horror clásico donde lo único que se necesitaba para asustar al público y hacerle pasar un mal rato era un ambiente oscuro, pocos personajes y una trama sencilla pero a la vez funcional. Los guionistas de la cinta, Richard Naing y  Ian B. Goldberg, se han basado en los cómics de terror de EC Comics para proporcionar al largometraje el máximo terror posible mediante una extrema sencillez. 

Así pues, La Autopsia de Jane Doe cumple con sobresaliente las condiciones necesarias para realizar una película de terror retro con los efectos y tecnología actuales. Øvredal va a encerrarnos en una morgue durante 99 minutos con los protagonistas, Tommy Tilden (Brian Cox) y Austin Tilden (Emile Hirsch), para intentar desvelar la misteriosa causa de la muerte de Jane Doe (Olwen Catherine Kelly). No conviene explicar más porque cuanto menos se sepa de ella más se disfruta. La Autopsia de Jane Doe no es más que una serie B con dos actores (que realizan una interpretación sublime) rematada por una trama al estilo Sherlock Holmes

El ambiente claustrofóbico por el que se moverán los personajes, una morgue que depara muchas sorpresas, se convierte en un elemento imprescindible para la trama. A medida que avanza la cinta, el escenario se vuelve frío, denso y oscuro. Ideal.

La nueva película de André Øvredal depara una obra memorable del cine de género contemporáneo que consigue liberarse de los estereotipos y recupera esos pequeños detalles que hacían que una cinta de terror fuera realmente espeluznante.  

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