Crítica: ‘Audition’ (1999, Takashi Miike)

Si existe un director ecléctico en el panorama cinematográfico contemporáneo, ese es Takashi Miike, el nipón, un cruce imposible y siniestro entre Lynch, Tarantino, Scorsese e incluso Almodóvar,  que posee un volumen de producciones a sus espaldas apabullante, tiene como su gran valor dejar siempre su impronta en cualquier proyecto o género que toca, ya sea el cine yakuza, terror, fantástico e incluso el musical. Vamos a centrarnos en Audition, la película que lo consagró y lo dio a conocer en occidente, siendo hoy en día considerado como uno de los grandes directores japoneses contemporáneos y toda una celebridad admirada fuera de sus fronteras, como demuestra sus colaboraciones con Quentin Tarantino y Eli Roth.

Audition es la carta de presentación de Miike a occidente, permitiéndole presentar su obra de manera global como autor de culto y asiduo a todo tipo de festivales. Su carrera le ha permitido pasar del circuito de vídeo y televisión locales a los cines japoneses y occidentales, de ahí que sus piezas más antiguas sean codiciadas y admiradas por sus acérrimos seguidores.

La trama de la película gira en torno a un viudo, Aoyama, que ve pasar la vida triste y taciturno en una profunda soledad y letargo en el que parece imposible despertar. Su hijo adolescente, le sugiere rehacer su vida con una nueva compañera, dando la casualidad de que un amigo de su padre es productor de televisión, tiene la “genial” idea de realizar una audición para una película ficticia, mediante el cual, el padre podrá elegir a su futura compañera. Este punto de partida, que en los tiempos que corren es ya del todo inaceptable y políticamente incorrecto, casa perfectamente con la cultura patriarcal y machista que se muestra en el cine japonés y que suele ser siempre un reflejo de la sociedad nipona.

Lo que puede parecer un inicio más propio de una comedia romántica tontorrona, se convierte en la trampa perfecta, tanto para el protagonista de la cinta, como para el espectador, y es que como ya habréis deducido, el error de casting será un hecho y la chica elegida Asami, viene con una mochila de infancia trágica y difícil rodeada de abusos sexuales y traumas que pronto se harán visibles y que hacen que la elegida, de aspecto frágil y dulce, provoque en su nueva pareja la necesidad de ser protegida. La parsimonia con que Miike va a desarrollando esta relación, la respiración serena y pausada del film, hacen crecer no solo la pasión de Aoyama por la chica. Junto a ella, progresa también la incomodidad del espectador, que no recibe muchas más respuestas que el protagonista, que nos sabe nada de Asami ya que los datos de la audición no son ciertos. Poco a poco se va advirtiendo una evolución y cambio de roles de poder entre la pareja.

Miike, como gran artesano que es, consigue un mundo onírico, oscuro, por momentos violento y sórdido se apodere de la banalidad y anodina vida de Aoyama. Audition nos atrapa y nos pilla con la guardia baja y nos deja boquiabiertos en un festival de imágenes impactantes, situaciones terroríficas, mezquinas y sorprendentes, aderezado con una atmósfera perturbadora que le aporta cierto romanticismo enfermizo. Como colofón, Audition posee unos últimos 20 minutos no aptos para todo el mundo  y que son toda una prueba de resistencia para el espectador, a pesar de todo lo visto anteriormente no te lo esperas, es una bofetada gore de la que no puedes quitar la mirada de la pantalla y que la convierte en película de culto de manera inmediata, quedándose grabada para siempre en nuestra memoria.

Lo amaras o lo odiaras, incluso tal vez, ambas cosas al mismo tiempo, pero nunca te dejará indiferente.

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